¡Hola!
Mi nombre es Fernanda Orellana, soy nutricionista, amo bailar, el croosFit y las alitas. Mi práctica está enfocada en ayudarte a desarrollar hábitos alimentarios saludables a largo plazo, sin dietas que solo generan estrés, tomando en cuenta tu salud mental y bienestar desde el amor propio.

Te cuento mi historia...
Durante el colegio, mi sueño siempre estuvo enfocado en estudiar algo relacionado con la salud, pero nunca tuve claro exactamente qué.
Al graduarme de bachiller, comencé una carrera universitaria influenciada por las opiniones de los demás, pero pronto me di cuenta de que no era lo que realmente quería. Decidí dejarla y, aunque fue la mejor decisión para mí, eso trajo consigo algunos inconvenientes con personas cercanas, lo que me provocó mucha frustración y estrés. Este estrés afectó mi salud, generando un desequilibrio hormonal.
Empecé a notar cambios en mi cuerpo: acné, manchas oscuras en la piel, caída del cabello, cambios de humor y un aumento de peso. Mi autoestima se desplomó.
Con esto, quiero dejar claro que no está mal tener cambios en el peso; lo importante es cómo nos sentimos con nuestro cuerpo, y yo, sinceramente, no me sentí bien con el mío. Si tú también te sientes así ahora, quiero que sepas que es completamente válido.
Durante este período, tuve la oportunidad de viajar a otro país. Allí, por primera vez, descubrí qué era lo que realmente quería estudiar: Nutrición. Una carrera que, desde mi perspectiva actual, adoro y disfruto mucho.
Siempre fui una persona activa, me gustaba hacer ejercicio, pero los signos y síntomas que mencioné antes no desaparecían, y mi peso seguía aumentando. Fue entonces cuando decidí buscar ayuda médica y me diagnosticaron con una condición hormonal. Recuerdo que la primera recomendación de mi endocrinólogo fue: “Tienes que bajar de peso para mejorar.” Lo tomé al pie de la letra y me centré exclusivamente en eso.
Me obligaba a ir al gimnasio, no porque disfrutara el proceso, sino porque sentía que debía hacerlo para “verme bien”. Vivía preocupada en qué debía comer y clasificaba los alimentos como buenos o malos. Si comía algo como pizza o helado, me sentía culpable. Si un día comía mucho, al siguiente me obligaba a hacer el doble de ejercicio. Probé de todo: jugos verdes, dejar de comer, dietas restrictivas… Todo para lograr un cuerpo que pensaba que debía tener porque “una nutricionista debe lucir delgada”. Ahora sé que esa creencia es completamente errónea.
En la universidad aprendí muchas cosas, pero también cuestioné varias de ellas. Por ejemplo, elaborar menús estrictos, contar calorías y medir porciones eran prácticas que no disfrutaba. Entiendo que en ciertos contextos, como a nivel hospitalario, esto es necesario, pero para una persona común que quiere mejorar su relación con la comida, ese enfoque no siempre es lo mejor.
Hoy, después de mucho aprendizaje, puedo decir que he mejorado los síntomas que me afectaron tanto tiempo. Lo hice formándome por mi cuenta, buscando información actualizada y herramientas que no me enseñaron en la universidad. Sigo en constante actualización para ayudar a las personas de una forma distinta: un enfoque no centrado en el peso.
Quiero que sepas algo importante: bajar de peso con dietas puede funcionar al principio, pero según estudios, el 80% de las personas recupera ese peso (o incluso más) con el tiempo. Por eso, mi objetivo no es solo ayudarte a alcanzar un número en la balanza, sino mejorar tu relación con la comida y con tu cuerpo, y construir hábitos sostenibles.
Por último, quiero compartir que todo lo que viví me ha convertido en una persona más fuerte y empática. Así que no tengas miedo de brindarme tu confianza; estoy aquí para escucharte y ofrecerte todo mi apoyo, sin importar cuál sea tu objetivo.